Los signos vitales del ministerio



Cuando era niño tengo muchos recuerdos de mi familia con mis hermanos en tiempos que recibíamos algunos obsequios. Recuerdo en una ocasión que mi hermana mayor recibió uno de los juegos de mesa más espectaculares que había visto. Era un hombre con diferentes agujeros en su cuerpo que contenían una cantidad de objetos inimaginables que debían ser sacados con unas pinzas sin tener contacto alguno con las esquinas de los huecos. De hacerlo,  el aparato emitía un sonido raro y se encendía la nariz del hombre como señal que no estábamos sacando la pieza de la manera correcta. De seguro que sabes a que me refiero. Todos en algún momento jugamos OPERATION. Sí me refiero a esos tiempos que no había tabletas con pantallas táctiles y vídeo juegos a base de sensores. JA!


Creo que esta imagen debe ayudarnos a repensar como nos estamos dirigiendo en el proyecto ministerial con los jóvenes a los que estamos sirviendo.  Al visitar una gran  cantidad de ministerios de jóvenes me percato que en ocasiones la manera de acercarse a lidiar con las cosas que son parte de las cosas que hacemos con los jóvenes están llenas de muchas cosas que en esencia no encierran una fundamento que permita identificar lo que es vital para que el ministerio sea idóneo en los contextos en donde servimos. Me refiero a identificar si el ministerio en el cual colaboramos está lleno de vida o de activismo que no permita que se puedan apreciar los signos vitales de una calidad de trabajo que verdaderamente bendiga a los jóvenes a los que servimos. No podemos caer en la tentación de perder la chispa de la vida que deben contener nuestros ministerios si “matamos” los sueños y anhelos de los jóvenes que cada semana participan y buscan alimento a sus corazones. Después de todo, Jesús dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b). Hace unos años atrás escuché una frase que llamó mucho mi atención. Decía que los proyectos de la vida no debían ser perfectos pero sí saludables. De inmediato me puse a reflexionar en cuanto a la manera de proceder con toda una serie de cosas que hago con la obstinación de ser perfeccionista. Me percaté que en unas muchas ocasiones en alarde de hacer  gestiones con mucha calidad echaba a un lado la importancia de cuidar los detalles que son parte de toda una estructura de trabajo ministerial. Por lo tanto, me parece fundamental que si estamos orientados para que las cosas que planifiquemos desarrollen excelencia y calidad en lo que hacemos, es fundamental que elaboremos unos principios vitales que permitan que el trabajo sea más que efectivo en el momento y pueda perdurar más allá de nuestra presencia. Eso nos dirige a considerar si las cosas que hacemos en el ministerio de jóvenes está orientada a elaborar vida o simplemente vanagloria personal. Me refiero a esas cosas que son disfrazadas de “falsa humildad” con el fin de presentar lo “maravilloso” que uno es y no lo importante que los chicos son para Dios.  En ese sentido, puede ser que al acercarnos algunas cosas de las que preparamos tengamos que verificar como están los signos vitales del ministerio.Aquí te van:

1. Consagración:
El hacer un ministerio debe tener como base primaria que tengamos nuestro tiempo de búsqueda de Dios en todo momento. Las tensiones al hacer mucho y descuidar nuestro tiempo de sacar un tiempo para hablar con Dios son muchas. En la medida que nuestro ministerio crece, más es el tiempo que podemos distraernos en nuestras ideas y talentos para descuidar que al final de cuentas a quien queremos enseñar como norte de nuestro ministerio es a Dios. Por eso en Especialidades Juveniles creemos que experimentar a Dios es más importante que enseñar acerca de Él. Es vital que tengas tiempos de intimidad con Dios.

2. Reflexión:
La rapidez de los calendarios y las semanas nos puede llevar a la costumbre de planificar sin sacar un tiempo para reflexionar en lo que estamos haciendo y lo que es prioritario. Pareciera que la planificación estuviera más orientada por llenar un papel de eventos que de considerar los asuntos que más atañen nuestra propuesta ministerial. Este proceso de meditación nos puede llevar a conocer las maneras en que otros han atendido los desafíos que poseemos en nuestros grupos con eficacia. De hacer esto, nos alejamos mucho más de la improvisación y nos acercamos más a la organización. Recuerda que no hay una sola manera de lograr un ministerio juvenil efectivo. Es vital que tomes prioridad de lo que los jóvenes necesitan que lo que deseemos hacer.

3. Relación:
El trabajar con jóvenes requiere que saquemos tiempo para relacionarnos con ellos. El tomar el tiempo para conversar, escuchar, llorar y reír con ellos es muy importante para lo que hacemos. Los jóvenes están cansados de personas que les dicen lo que tienen que hacer pero que no toman la oportunidad de compartir con ellos para comprender por que están haciendo lo que hacen. Como pastores siempre será más efectivo que olamos a las ovejas y no a nuestras oficinas y los micrófonos del púlpito. Necesitamos más líderes de jóvenes que se acuerden de los eventos importantes de los chicos y que caminen con ellos. Por eso creemos que las personas son más importante que los programas. Si los programas pueden ser descartados y reorganizados, los chicos nunca debieran descartarse ni sustituirse. Ellos son la razón por la cual Dios nos llamó a este ministerio tan especial. Es vital que tomes un tiempo para estar con ellos y que te conozcan como los conozcas a ellos.

4. Capacitación:
Vivimos en una sociedad que cambia con una rapidez insospechada. Las cosas que ocurren hoy no son las mismas que surgían a apenas unos meses atrás. Al considerar todo lo que ocurre cada día, nos percatamos que es fundamental que entremos en un proceso de  actualización continua para que podamos responder con efectividad a las cosas que continúan surgiendo en nuestros ministerios todo el tiempo. Al responder a trabajar con jóvenes debemos desarrollar un apetito por aprender cada día más con un corazón enseñable que pueda estar al tanto de las tendencias que ocurren con la nueva generación. El tiempo que llevamos en el ministerio y las experiencias que hemos adquirido son buenas pero necesitan ser pesadas en balanza con la investigación de personas que toman de su tiempo para comprender y responder a los desafíos crecientes en la juventud. El crecimiento espiritual no es matemático y necesita de un tiempo de capacitación. Es vital que tomes un tiempo para aprender nuevas cosas que te ayuden a ser más efectivo en el ministerio.

5. Ejecución:
Todas las cosas que tomamos para aprender necesitan plasmarse para aprovechar los principios que tomamos como espacios de aprendizaje. Aquello que solamente se piensa y no se lleva a la acción es tiempo muerto que no desarrolla vida en nuestro ministerio. Si ciertamente podemos ser motivados con ideas, propuestas y hasta sueños que tengamos en nuestro corazón, es importante que todas esas cosas las podamos poner por obra. Los planes deben ejecutarse y no solo pensarse. Como líderes debemos ser determinados a llevar a cabo aquello que tomamos el tiempo para diseñar.  Nuestros jóvenes están ávidos de personas que les dirijan y no solo que les motiven. Recordemos que lo jóvenes no son vasos que se llenan sino fuegos que se encienden. Es vital que podamos llevar  nuestras palabras a la ejecución para medir y contemplar la fidelidad  junto al respaldo de Dios en todo lo que hagamos.
Hoy te animo que le des vida a tu ministerio. William Wallace, el gran libertador escocés dijo en una ocasión que: todos los hombres morirán, pero que solamente unos pocos verdaderamente vivirán. Consideremos si en esencia estamos  procurando que cada día nuestros jóvenes encuentren vida  en lo que haces o simplemente sus vidas se orienten por gestiones moribundas. Creemos que el Espíritu de Dios es vida y por eso te estimulo a que vivifiques los espacios que necesiten ser reanimados. Si los signos vitales de tu ministerio están débiles, hoy es una gran oportunidad para que revivas la pasión y la entrega por un ministerio que glorifique a Dios. Después de todo, Jesús lo dijo así: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25)